LA CARRERA DE ENNER GUER
El pueblo todavía no se recuperaba. Hacían apenas tres días de haber asesinado a un joven en el vecino Municipio, de un tiro que nadie supo explicar. Desde entonces la gente hablaba bajito. Otros, sin decir nada, empacaron y se fueron bien de madrugada. Esa mañana el celular de Ismael Belsa sonó y le dijeron.
"Necesito una carrera desde San Antonio hasta más arriba. Pago bien", dijo una voz amable. Isma que estaba ocupado en otro trabajo ese día se negó. Diciendo estoy copado.
La voz continua "Bro, hazme el favor. Recomiéndame a alguien de confianza". Belsa, dudó un momento, llamó a dos, a tres. Nadie quería ir tan lejos.
Hasta que contestó Enner Guer. "No, compa. Hoy no". "Anímate, que pagan doble". Guer, colgó. Volvieron a llamar. Y otra vez quiso negarse, pero la sutilidad de aquella voz le dio confianza y se dejó convencer.
A las 10:00 AM ya iba subiendo, con el sol pegándole en la espalda, camino a la montaña. A mitad de camino, donde solo hay monte, silencio y un paisaje paradisiaco, sonó de nuevo el movil.
La voz ya no era
amable.
Esta vez le dijeron "Escúcheme bien. Lo tenemos rodeados. Si se mueve lo matamos. Si llama a la policía matamos a su familia. saquele el aire a las llantas y quédese quieto".Enner, sintió que el estómago se le subía a la garganta piedra donde supuestamente lo pudieran ver, no movía ni la Pepa de los ojos.
A los 20 minutos le entró una video llamada. En pantalla: enlazados estaban su hermana, un hermano y otros familiares. Todos llorando. "Sesenta millones. Consígalos ya o no respondemos por ninguno", ordenó la voz. Ren, no podía hablar. Le temblaban las manos y su cuerpo sudaba.
Pasaron las horas. El sol bajó. A las 4 y pico apareció una camioneta. Dos hombres se bajaron asustados y le preguntaron al verlo con el celular en el oido y angustiado por no poder pronunciar palabras.
"¿Con quién hablas?
¿Qué te pasa?"
Guer, abrió la boca, pero no le salió sonido. Solo miraba la pantalla del dispositivo, aún encendida y les hacía señas para que se callaran,
El conductor le arrebató el teléfono, colgaron, y entendió todo. "Tranquilo, hermano. Eso es extorsión de la cárcel. Respira. No pague nada. Eso es mentira". Entre los dos lo ayudaron a subir al vehiculo. Montaron la moto pinchada en el platón de la camioneta y la aseguraron.
Primero fueron hasta el pueblo vecino hacer la vuelta que iban a realizar. Y antes que el sol se ocultara emprendieron el regreso al pueblo natal. En el camino se toparon con un grupo de pobladores. motociclistas, con linternas, preguntando por Enner.
Llevaban horas buscándolo. Cuando la camioneta entró al pueblo la gente se agolpó. Vieron la moto de Guer, amarrada atrás. Pero no lo vieron a él.
"¡Esa es la moto
de Enner!" gritó alguien.
Como no bajaba del carro, porque las piernas no le respondían todavía por el susto, pensaron lo peor. Unos empezaron a llorar. Otros se persignaron.
Hasta que la puerta se
abrió y Guer, se bajó temblando, pálido, con los ojos aguados.
"Estoy vivo", alcanzó a decir.
Esa noche nadie durmió.
En las tiendas, en las esquinas, en los grupos de WhatsApp solo se hablaba de una cosa: de Isma, de Enner, del joven muerto, y de la llamada que casi le cuesta la vida. desde entonces, cuando suena un número desconocido ofreciendo "buena paga", los mototaxistas del pueblo se miran entre ellos y dicen bajito: "Mejor no. Acuérdense de Enner Guer".



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